En México, una app de reparto suele quedarse entre 18% y 30% de cada pedido, más el impuesto sobre esa comisión. En un negocio de comida, donde el margen ya es delgado, esa tajada se lleva buena parte de la ganancia de cada venta que pasa por la app.
La cuenta que muchos negocios no hacen
Es fácil ver el depósito que llega de la app y sentir que se vendió bien. La cuenta que duele es la otra: de cada pedido, una parte se fue en comisión antes de que tú vieras un peso. Sobre un pedido de $300, una comisión de 25% son $75, más el impuesto sobre esos $75. Si de ese pedido tu ganancia real eran $90, casi todo se fue en la app. No es que las apps sean malas, es que su cliente eres tú y su negocio es cobrarte por traerte pedidos. El problema empieza cuando el pedido venía de un cliente que ya te conocía y que te habría comprado directo si hubieras tenido cómo recibirlo. A ese cliente le estás pagando comisión por algo que ya era tuyo.
El canal propio no es salirte de las apps
La jugada inteligente no es pelearte con las apps, es dejar de depender solo de ellas. Las apps te traen clientes nuevos, y eso tiene valor. Un canal propio de pedidos por WhatsApp te deja quedarte, sin comisión, con el cliente que ya te conoce y que solo quiere volver a pedir. Con el tiempo, el cliente recurrente migra a tu canal y las apps quedan para descubrir clientes nuevos, que es para lo que de verdad sirven.
Qué necesitas para tener tu propio canal
Menos de lo que parece: un WhatsApp con catálogo, un flujo que registre cada pedido, una forma de cobrar y un reparto, propio o por evento. Puedes verlo funcionando en el prototipo de pedidos por WhatsApp para pizzería, con su tablero de horno y reparto, o revisar el servicio de pedidos por WhatsApp.